La decisión de Estados Unidos de recortar su financiación para la lucha contra el VIH ha generado alarma entre los expertos en salud global. Según un estudio publicado en The Lancet, si estos recortes se mantienen, podrían producirse entre 4,4 y 10,8 millones de nuevas infecciones y hasta 2,9 millones de muertes relacionadas con el virus antes de 2030.
Estos datos reflejan el riesgo de deshacer dos décadas de avances en prevención y tratamiento, con consecuencias especialmente graves en África subsahariana.
Desde 2015, los donantes internacionales han aportado aproximadamente el 40% de la financiación para combatir el VIH en los países más afectados. Sin embargo, en los últimos meses, varios gobiernos han anunciado recortes significativos, siendo Estados Unidos el más destacado.
Su ayuda representaba el 73% de los fondos internacionales, pero no es el único país que ha tomado esta medida. También han reducido su apoyo Reino Unido, Francia, Alemania y los Países Bajos, lo que significa que el 90% del financiamiento internacional está en riesgo.
El estudio ha analizado datos de 26 países con altas tasas de VIH, entre ellos Sudáfrica, Kenia, Mozambique y Uganda. Utilizando modelos matemáticos, los investigadores han estimado el impacto de la reducción de fondos, señalando que podría provocar un aumento de hasta seis veces en las infecciones en los grupos más vulnerables, como trabajadores sexuales, usuarios de drogas inyectables y personas en situación de pobreza extrema.
La interrupción de planes de ayuda
Uno de los mayores riesgos es la interrupción de programas clave como el Plan de Emergencia del Presidente de EE.UU. para el Alivio del Sida (PEPFAR). Este programa ha sido fundamental para proporcionar acceso a antirretrovirales, distribuir preservativos y financiar pruebas de detección del VIH. Según el estudio, la paralización de estos servicios podría llevar a que las tasas de nuevas infecciones y muertes regresen a niveles no vistos desde 2010.
Debra ten Brink, coautora del informe e investigadora del Instituto Burnet, advierte que el impacto de estos recortes no se limitará a los países en desarrollo: "Si la financiación no se restablece, el VIH podría resurgir con fuerza a nivel global, afectando también a los países donantes".
En este sentido, los expertos subrayan que el debilitamiento de los programas de prevención podría aumentar la carga económica y sanitaria a largo plazo, además de generar inestabilidad social en las regiones más afectadas.
Las consecuencias de este retroceso podrían ser devastadoras. En los últimos años, la distribución de antirretrovirales y el acceso a la profilaxis preexposición (PrEP) habían logrado reducir las tasas de transmisión materno-infantil y las muertes pediátricas. Sin embargo, el estudio señala que estos avances corren el riesgo de desaparecer si los recortes se mantienen, lo que obligaría a invertir entre 20 y 30 años adicionales para recuperar el terreno perdido en la erradicación del VIH/SIDA.
La perspectiva española
En España, Óscar Zurriaga, profesor de la Universidad de València, subraya que la disminución de fondos afectará gravemente a los sistemas de salud de las regiones más vulnerables, pero también podría tener repercusiones globales: "No nos quedemos con la idea de que esto solo afectará a África, porque el impacto también se sentirá en Estados Unidos y Europa".
Además, señala que esta crisis sanitaria traerá consigo una mayor inestabilidad económica y social, aumentando la presión sobre los servicios sanitarios internacionales.
Por su parte, Pepe Alcamí, investigador del IDIBAPS y director científico de la Unidad VIH del Hospital Clínic de Barcelona, destaca que las proyecciones del estudio reflejan un escenario alarmante. "Las estimaciones indican que, solo con la interrupción de 90 días del programa PEPFAR, podría haber entre 40.000 y 100.000 muertes adicionales. Si los recortes persisten, podríamos perder dos décadas de avances en la lucha contra el VIH", advierte.